De Estocolmo a Nueva York
Cinco aprendizajes que dejaron los eventos que marcan la agenda climática del mundo
Kilimo, la climatech global que conecta empresas con agricultores en proyectos de water stewardship, estuvo presente en ambos encuentros. De ellos se trajo varias reflexiones que comparte.
Ciudad de México a 01 de octubre - World Water Week reunió como cada año en Estocolmo a gobiernos, empresas y organizaciones de todo el mundo para hablar de un mismo tema: cómo gestionar mejor el agua en un contexto de creciente demanda y alta incertidumbre climática. Un mes después, la conversación continuó en Nueva York durante la Climate Week NYC, uno de los encuentros climáticos más grandes del año
Kilimo, la climatech global que conecta empresas con agricultores en proyectos de water stewardship, estuvo presente en ambos encuentros. De ellos se trajo varias reflexiones sobre uno de los conceptos que ha venido ganando lugar y cada vez resuena más fuerte: Acción Colectiva.
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Además, en Nueva York, Jairo Trad, CEO de Kilimo, participó en un panel sobre agua en la Zona de Medios ODS, junto a líderes del sector privado y de organizaciones dedicadas a la seguridad hídrica. La idea que atravesó la conversación fue que la seguridad hídrica se decide en toda la cuenca, y gran parte se decide también en el campo, dónde se producen alimentos. .
Primer aprendizaje: todavía no hay consenso sobre el nombre.
"Acción Colectiva" en agua se volvió el término del momento, pero no todos los actores del sector lo usan de la misma manera. Algunos hablan de coordinación de cuenca, otros de portafolios compartidos, otros de alianzas de implementación. Más que una discrepancia en la nomenclatura, es una señal de que todavía falta la gobernanza que le dé forma a la colaboración antes de que el sector pueda ponerse de acuerdo en cómo llamarla.
Para Kilimo, la acción colectiva es el abordaje que realmente funciona para el agua, porque ningún actor, por grande que sea su inversión o su tecnología, puede resolver en soledad un desafío que ocurre en una cuenca compartida. Empresas, gobiernos y comunidades dependen del mismo recurso, y las decisiones de uno afectan directamente al resto. En Nueva York, la conversación fue un paso más allá. La escala proviene de la acción colectiva y para lograrla empresas, gobiernos y actores locales deben ponerse de acuerdo sobre lo que necesita cada cuenca y eliminar las barreras que dificultan cofinanciar proyectos juntos. Cerrar esa brecha de gobernanza es lo que va a permitir que la Acción Colectiva pase de ser una aspiración compartida a una forma de trabajo consolidada.
Segundo aprendizaje: El compromiso ya no es la parte difícil. La ejecución sí.
Las plataformas y las alianzas ya existen. En Estocolmo, empresas de alimentos y bebidas, tecnología y organismos de cooperación internacional mostraron proyectos en marcha. Lo que el sector reconoce ahora, casi de manera unánime, es que el reto se trasladó hacia la implementación, en convertir esos compromisos en intervenciones medibles, cuenca por cuenca.
En Nueva York quedó claro que donde tiene que ocurrir esa ejecución es en el campo. La agricultura concentra la mayor parte del consumo de agua en la región y, por eso, es también donde cada inversión tiene mayor impacto. Kilimo ya lo hace posible en diferentes cuencas de Argentina, Brasil, Chile, Perú, México y Estados Unidos, conectando a empresas que buscan reducir su riesgo hídrico con agricultores que adoptan riego más eficiente y reciben incentivos por el agua que ahorran.
"Parte de lo que pudimos escuchar en las diferentes conversaciones durante la World Water Week es que la brecha ya no está en convencer a las empresas de invertir en agua. Está en tener la metodología y la presencia en territorio para ejecutar con rigor lo que ya se comprometió", comenta Isabel Taylor, Head of Water & Climate Delivery en Kilimo.
El compromiso ya está firmado. La ejecución en cuenca es la conversación que sigue.
Tercer aprendizaje: comunicar sostiene el trabajo colectivo.
Uno de los aprendizajes más repetidos en las sesiones fue que muchos actores todavía dudan sobre cuándo comunicar un proyecto hídrico, si desde el arranque o cuando ya hay resultados medidos, . En Estocolmo quedó claro que esperar tiene un costo. Los proyectos que convocaron a más socios fueron, casi siempre, los que narraron su avance desde el inicio, y no necesariamente los resultados técnicos ya sobre la mesa.
Cuarto aprendizaje: medir con precisión es la mejor forma de avanzar.
Durante años, la dificultad de cuantificar con exactitud beneficios adicionales, como la biodiversidad o la calidad del agua, frenó el diseño de muchos proyectos. En Estocolmo se habló de una apertura creciente a proyectar esos beneficios con metodologías robustas, aunque perfectibles, sin restar rigor al proyecto. Esto abre espacio para iniciativas más ambiciosas, en las que medir cada variable deja de ser una barrera de entrada. Eso no significa renunciar a medir lo esencial sino abrir nuevas conversaciones hacia dónde los beneficios volumétricos hacen llegar su impacto.
Quinto aprendizaje: la confianza local pesa tanto como los datos.
Uno de los temas que más espacio ganó este año fue la licencia social, es decir, la idea de que ningún proyecto de cuenca funciona sin la participación activa de las comunidades y los agricultores que la conocen y la trabajan todos los días. Los proyectos más sólidos que se presentaron en Estocolmo fueron los que incluyeron a esos actores desde el diseño, no como receptores de una solución ya definida, sino como socios en su construcción.
Nueva York lo reforzó. Las empresas líderes ya no gestionan el agua solo dentro de sus operaciones, sino a escala de cuenca, con sus acuíferos, sus comunidades y las granjas que comparten la misma agua. Ahí, los agricultores son los Guardianes del Agua con mayor impacto potencial. Con los incentivos económicos adecuados para mejorar el riego, ahorran agua mientras mantienen o incluso mejoran su productividad.
Los eventos de Estocolmo y Nueva York confirmaron algo que Kilimo había ya visto acampo, la Acción Colectiva del agua ya tiene compromiso, plataformas y visibilidad global. Lo que sigue es llevarla a cuencas concretas, con metodología, con comunicación y con el territorio como punto de partida. Yl agua ya no corre en paralelo a la conversación climática, sino que empieza a ocupar un lugar central en ella.
Explora el informe completoConsulta más fotografías"De camino a la Conferencia de la ONU sobre el Agua que será este diciembre, lo que toca ahora es activar la inversión por la seguridad hídrica de forma colectiva, y hacerlo más rápido", concluye Jairo Trad, CEO de Kilimo.
PR_De Estocolmo a Nueva York_21-09-26.docx
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Acerca de Kilimo
Kilimo es una una Climate Tech global que impulsa soluciones de adaptación climática para alcanzar la seguridad hídrica. A través de Proyectos de Water Stewardship y Acción Climática, Kilimo colabora con productores para hacer más eficiente el uso del agua en la agricultura y con actores que tienen como meta ser agua neta positiva. Kilimo vincula agricultores y empresas con el objetivo de aliviar el estrés hídrico de las cuencas bajo la visión de crear un futuro con agua disponible para las comunidades, industrias y ecosistemas. Por su impacto, Kilimo fue premiada en el Foro Económico Mundial de Davos y ganó el Enterprise Global Freshwater Challenge otorgado por el Foro Económico Mundial.
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